
Mediumnidad, muerte y dinámicas familiares desde la experiencia directa
«Tengo miedo de olvidarlo o de que su presencia se vuelva más lejana, y eso me hace sentirme culpable.»
Con el paso de los años, he ido comprendiendo que muchas de las escenas que se abren en una sesión de mediumnidad pueden leerse también como expresiones de dinámicas humanas y familiares no resueltas. No solo del alma que ha desencarnado, sino del campo relacional completo en el que esa persona vivió y al que sigue perteneciendo.
No hablo desde un marco clínico ni terapéutico formal. Mi comprensión nace de la experiencia como médium, del acompañamiento a personas en duelo, y del diálogo continuo con profesionales de distintos ámbitos —psicológicos, sistémicos y humanistas— así como de mi propio recorrido personal de trabajo interior. Desde ahí, la mediumnidad se me revela como un espacio de observación profunda, donde los vínculos, las lealtades y los lugares dentro del sistema familiar siguen manifestándose más allá de la muerte física.
Desde esta perspectiva, no he experimentado que los vínculos tengan que desaparecer para que haya orden o evolución.
Lo que sí necesita transformarse son los roles que esos vínculos ocuparon mientras la persona estaba encarnada.
Cuando algo queda “en pausa” tras una muerte
En algunas sesiones, la percepción es clara: la energía no está en calma, pero tampoco está perdida. Se siente como si algo hubiera quedado suspendido, a medio camino. Con el tiempo, he observado que estas situaciones suelen aparecer tras muertes repentinas, traumáticas o en contextos donde la persona ocupaba un lugar central en la familia.
No se trata de almas atrapadas en un castigo ni de errores espirituales. En la mayoría de los casos, lo que aparece es una continuidad del vínculo sin una actualización del rol.
Esto puede expresarse de muchas formas:
- Una madre que sigue intentando cuidar activamente a sus hijos adultos.
- Un padre que continúa vigilando, corrigiendo o interviniendo.
- Una pareja que permanece ligada desde la culpa o el miedo a soltar.
- Un abuelo o abuela que sigue siendo el eje simbólico del sistema familiar.
Aquí es importante hacer una distinción esencial:
>> la presencia no es el problema.
>> la rigidez del rol, sí.
El caso del abuelo: cuando el sistema no se reorganiza
En el caso de los abuelos, esto suele verse con especial claridad. He acompañado situaciones donde, tras la muerte del abuelo, la familia sigue funcionando como si él aún tuviera que autorizar, validar o sostener decisiones importantes. No porque aparezca activamente, sino porque el sistema familiar continúa mirándolo internamente.
Los hijos no asumen del todo su lugar de adultos.
Los nietos crecen con una referencia constante a lo que “el abuelo hubiera querido”.
El centro de gravedad del sistema permanece anclado atrás.
Desde mi experiencia, cuando esto ocurre, el alma del abuelo no está negando su muerte, pero sí permanece disponible para una función que ya no le corresponde ejercer. No porque no pueda seguir su camino, sino porque el sistema aún no ha recolocado los lugares.
Cuando la familia puede reconocer su legado, agradecerlo y, al mismo tiempo, asumir su propia responsabilidad vital, algo se ordena. La presencia del abuelo no desaparece, pero cambia de cualidad: deja de ser estructurante y pasa a ser inspiradora.
Vínculo sí, dependencia no
Una de las confusiones más frecuentes en torno a la muerte es creer que soltar un rol implica perder el vínculo. Mi experiencia no confirma eso. Al contrario: cuando el rol se transforma, el vínculo se vuelve más limpio, más libre y menos cargado.
He observado que tanto en los vivos como en los desencarnados hay un alivio profundo cuando se comprende algo muy simple:
- Ya no necesitas sostener.
- Ya no necesitas quedarte para proteger.
- Tu amor no desaparece si sigues avanzando.
Cuando esta comprensión se da, las manifestaciones inquietas suelen disminuir: los sueños se serenan, las presencias se vuelven más sutiles, y el recuerdo deja de doler para convertirse en fuente de fuerza.
La mediumnidad como espacio de orden y conciencia
Desde este lugar, la mediumnidad no se presenta para mí como un fenómeno espectacular, sino como un acto de orden y conciencia. No se trata solo de transmitir mensajes, sino de ayudar a que cada parte del sistema —encarnada o no— ocupe el lugar que le corresponde ahora.
A veces basta con nombrar lo que no fue dicho.
Otras veces, con validar que el amor sigue, aunque la forma cambie.
Y en ocasiones, con dar permiso para que la vida continúe.
Cuando esto ocurre, no solo el alma que ha desencarnado puede seguir su proceso de evolución sin cuerpo. También los vivos recuperan energía, dirección y presencia en su propia vida.
Dando voz al invisible
Este es el sentido profundo de mi trabajo y de los espacios que facilito bajo el nombre “Dando voz al invisible”: crear lugares seguros donde lo que no pudo expresarse encuentre palabra, y donde los vínculos puedan transformarse sin romperse.
>>Próximo evento 21 de febrero de 17h a 20h Barcelona (Sala KIPU)<<
Si sientes que en tu sistema familiar hay presencias, duelos detenidos o roles que no terminan de recolocarse, quizá no sea algo que haya que eliminar, sino escuchar de otra manera.
Te invito a acercarte a una lectura individual conmigo o a participar en los encuentros grupales que organizo. No para convencerte de nada, sino para abrir un espacio de comprensión más amplio, donde la vida y la muerte puedan dialogar sin miedo.
Porque cuando el vínculo se honra y el rol se transforma,
la energía vuelve a moverse.
Y la vida —a ambos lados del velo— continúa.

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